La disquería no abre hasta las 4 de la tarde, y para un día como el de hoy eso es la eternidad y alguito más. Estoy justo a la mitad del verano, y este Febrero arrancó en su ley, con vientos calientes y pegajosos, húmedo a pedir de las pampas, con noches agobiantes y madrugadas muy cortas, insuficientes. El aire que entra por la ventana y recorre las habitaciones una tras otra hasta escapar al patio solo trae polvo y desorden, y el ventilador se queja a cada cuarto de vaivén por el yugo impuesto, hoy inútil. Me pregunto cómo hace mi vieja allá atrás, al rayo del sol y en su reposera, para aguantar la tortura de asolearse a cambio de otra tonalidad en su piel. Yo ya rellené dos veces el botellón de agua en la heladera y ella aún no tomó un solo vaso. ¿Será un reptil? No, es ella. Veinte minutos. Pienso en poner un disco, pero solo conseguiría tocar una cara y el rito quedaría incompleto. Si mi vecino estuviese escuchando algo de lo suyo ahí sería otra cosa, pero hoy se ha llamado a sile...
Solo es náusea. De pibe un día mi viejo me dijo "no es como vos pensás, La Maldad Existe, hay gente mala de verdad". Pasé años descreyendo hasta que llegué a la conclusión que sí: existe la gente MALA. Sirva como vano ejemplo: Yo vivía en mi nueva casa muy contento y no me arrimaba a Soulé ni a kilómetros y, all of a sudden or out of the blue apareció una banda de gitanos a mi lado. Sentí que todo lo hecho caía feo al sótano. Al primer día, luego de haberlos saludado en bienvenida y pensando que era una parejita que iba a hacer su nido, cayó una parva de gente que, dije, es para festejar el momento; reguetón al mango, tipo de fiesta, gritos. Al siguiente fue igual, pero la variante ahora es UN CANAL DE DEPORTES, al mango de volumen, de 10 a 17. Al tercer día se suma un celular chirriante, lesivo, con lo que supongo so dibujos animados con agudos que taladran ...
L’ESCARGOT a Boris Vian, a Claude Chabrol, al Cine. y a Bertina Dulbecco. Nota del narrador: esta historia me la contó, entre vino y vino, un caracol. Tal como todos sabemos, los caracoles se expresan en francés, idioma que manejo poco y nada. Y son bastante noveleros. Sin embargo le creí hasta la última coma. Por razones narrativas lo traje a primera persona, y espero que sepan disculpar cualquier digresión de mi parte ante aquello que debo inevitablemente solo interpretar. Una mañana de primavera, despertando de mi hibernación, veo a mis amigas lombrices aireando la tierra y saludando con un “¡Buenos días!: parece que al fin despertamos”. Las lombrices son ciegas, sordas y mudas, por eso siempre están de buen humor y son muy sagaces en sus comentarios. Mientras me asomo a mi casa (que, contrario a lo que todos piensan, no es una copia de la sucesión de Fibonacci, ya que para 1.202 mi casta largamente había habitado esta tierra y hasta fuimos ––modestia aparte–– inspiradores del...
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