Entradas

de Brevis y para Bertina: L'Escargot

  L’ESCARGOT a Boris Vian, a Claude Chabrol, al Cine. y a Bertina Dulbecco. Nota del narrador: esta historia me la contó, entre vino y vino, un caracol. Tal como todos sabemos, los caracoles se expresan en francés, idioma que manejo poco y nada. Y son bastante noveleros. Sin embargo le creí hasta la última coma. Por razones narrativas lo traje a primera persona, y espero que sepan disculpar cualquier digresión de mi parte ante aquello que debo inevitablemente solo interpretar. Una mañana de primavera, despertando de mi hibernación, veo a mis amigas lombrices aireando la tierra y saludando con un “¡Buenos días!: parece que al fin despertamos”. Las lombrices son ciegas, sordas y mudas, por eso siempre están de buen humor y son muy sagaces en sus comentarios. Mientras me asomo a mi casa (que, contrario a lo que todos piensan, no es una copia de la sucesión de Fibonacci, ya que para 1.202 mi casta largamente había habitado esta tierra y hasta fuimos ––modestia aparte–– inspiradores del...

Hola Buruti

 Hola Buruti, recién leo tu mensaje y las llamadas perdidas (emoji de quien se palmea la frente). Te cuento que ayer -y no lo supe hasta sobre el pucho- fue el cumpleaños de Robi, que es el pibe que nos lleva las cuentas a todos acá, y a todos (emoji de sorpresa) nos invitó a cerrar el día en su casa con unos tragos y algo para comer. Como bien sabés, puse los teléfonos en estasis y me dije hasta mañana. Sí, por suerte había alcohol, si no debería haber vuelto a casa y cargar con una botella de vino. Y pude comer: nada tenía ajo o cebolla o morrón; por supuesto esquivé con toda mi cintura al sushi, jajá . Pero lo que quiero contarte es esto, y prestame atención, digo, no estés en Instagram mientras leés mi texto ¿creés en que venimos configurados de fábrica? Quiero decir que hay programas (me río entre dientes porque pienso en los conspiranoicos) que vienen engramados, que así como un gato va naturalmente a ver qué hay en un balde porque supone que es agua y quiere tomar de ahí ¿ve...

La bellísima Mariel Ziegler.

Ya me había ido y mirá que pasaban años y años. Trabajaba en el Super sin tilde del centro. Mami pasaba de compras y ella preguntaba por mí. Mari, delicadamente le dijo: se casó, tiene casa propia y trabajo: UNA VIDA HECHA. Supongo que para Mariel, morena e incalculablemente bellísima, inviolable para alguien que vivió toda su infancia perseguido sin que nadie lo diga, habrá sido un qué le pasó a este tipo por no llegar a qué pelotudo. Pero vamos a unos pasos atrás, cuando podíamos caminar de la mano y... No, mis viejos, me rajo. Obvio que era yo el que bramaba, y Marielita se quedaba ahí, tal vez pensando en si quería seguir o no. Pero lo hizo. Lo hizo hasta el día en que a media caminata entre la iglesia y el cine me convertí en un espantajo que empezó a aletear profiriendo palabras que nadie pudo entender. La iglesia central estaba a dos cuadras y Raulito (párroco para quién fui monaguillo más de una vez) llegó a las corridas y me dio algo así como una extrema unción, o un perdón, o...

Tres relatos brevísimos de adolescente

 MI TIEMPO La máquina ya estaba lista. Pero llamar máquina a ese medio que hacía admisible una regresión en el tiempo era una expresión poco feliz, más cuando, a la vista, no había parte alguna que fuera manejable ni que pudiera aislarse de un todo adolescente de palancas, botones o costuras. Aunque bien podía decir que subjetivamente era una máquina, al simple hecho de su función. Harto de miserias y golpes bajos había decidido retornar a aquellos días en que recodaba haber sido feliz por algún momento. En sí, la preparación fue el momento más tedioso. Una serie de procedimientos endo/exógenos para ligarme a ese todo como una parte más e indivisible; ajuste micrométrico de parámetros que debían ser exactos (no hubiera querido abrir mis ojos dentro de un sólido, no) y, lo más complejo, perfecta y absoluta concentración: la mente limpia y concentrada en un solo objeto o imagen de mi conciencia, para luego salir del trance y descubrir que ya había transcurrido, y que eso-máquina ya n...

Relatos Infantiles 1 - Retrato del Antihéroe I, II y III

I   Entre todos ––y excluyo a la profesora–– conformamos un curso de aproximadamente quince chicos que rondamos entre los veinte y treinta años. Siete nos , igual número de ellas y Claudia. Yo soy yo y no estoy interesado en lo más mínimo en esa forma de Expresión Corporal que a mi entender ––vanamente autoestimado superior al del resto–– debe ser abordada de otra forma. Y no me cabe una sola duda: todos han tomado esta materia obligada como un puente para gancho y levante , y las actividades que hacemos son tan   superficiales que parecen estar enfocadas para que esa sea la resultante. Luego es lógico pensar en que mi actitud ya amerite un reprobado en mayúsculas. No les voy a dar el gusto. Entonces comienzo a fingir. Primero histriónico hasta la tragedia, después un perfecto y abandonado contorsionista sin alma para, en la cima de mi acto, hacer un giro elíptico hacia el carácter de un monje, dejando perplejos a todos. No me extraña entonces el sobresaliente ...

El Culo de Buenos Aires

 Siempre supe que estaba ahí. Nunca lo vi de esta manera. Es un paralelepípedo que casi se vuelve triángulo. Pero, a ver: ... estaba esperando por mi medicación y me cansé mal, luego salí a caminar y lo encontré: es ahí, donde el puente cierra lo que es el gigantesco cementerio. Hice tres fotos. Ninguna salió. Hay demasiadas cosas que sigo sin entender.

Reparación - Final - La Reparación

  El tren abandonaba el casco urbano, dejando atrás el amanecer de Abel de cara al mar, su regreso al departamento entrada la mañana y la sorpresa semidormida de Pablo mientras lo veía quemar una por una todas las notas y el sobre. Inesperadamente había decidido negarle la verdad a su amigo, inventando vagas e inconexas explicaciones sobre su desaparición por más de un día entero; historias dignas de ser guionadas para un film comercial. Luego un emotivo reencuentro telefónico con Celina, y un almuerzo final, de despedida. La próxima vez que vengas avisame así me voy a Nigeria . Ahora el paisaje, en un postrero esfuerzo de contrastes, está intentando en vano atrapar, una vez más, su atención. Pero esta vez no hay ritmo alguno en sus auriculares, tampoco un acontecimiento determinante que someta a sus pensamientos. No bien se hubo acomodado en su asiento y ante la mirada algo sorprendida de alguno que le prestaba su atención, sacó del bolsillo de su campera el mini grabado...