Errores
Solo es náusea.
De pibe un día mi viejo me dijo "no es como vos pensás, La Maldad Existe, hay gente mala de verdad".
Pasé años descreyendo hasta que llegué a la conclusión que sí: existe la gente MALA.
Sirva como vano ejemplo:
Yo vivía en mi nueva casa muy contento y no me arrimaba a Soulé ni a kilómetros y, all of a sudden or out of the blue apareció una banda de gitanos a mi lado.
Sentí que todo lo hecho caía feo al sótano.
Al primer día, luego de haberlos saludado en bienvenida y pensando que era una parejita que iba a hacer su nido, cayó una parva de gente que, dije, es para festejar el momento; reguetón al mango, tipo de fiesta, gritos.
Al siguiente fue igual, pero la variante ahora es UN CANAL DE DEPORTES, al mango de volumen, de 10 a 17.
Al tercer día se suma un celular chirriante, lesivo, con lo que supongo so dibujos animados con agudos que taladran hasta los tímpanos de un sordo.
Ataco con lo que tengo y, vaya respuesta, la nena empieza a golpear la pared. Ritmo silábico: pumpumpum-pumpum-pupupupum (etc al vómito: ni Neil Peart puede idear ritmos así).
Al límite, hago saber a los demás vecinos qué es lo que ocurre.
La piba muy joven (...) que compró donde vivían antes mis amigas apoya a la nueva parva, se vuelve hiperfeminista y en mi contra.
El ñato que se hizo por centavos del loft a mi lado es un capo, se abre de todo: todo le chupa un huevo.
Paso atrás: cuando elijo venir a vivir a mi lugar los vecinos son otros. Hoy ya no están.
Voy a ver a Mariana L. a su local. Ya está bien ubicada y sé que dejó de lado lo nuestro, por eso me siento a una distancia prudente y la veo tan bella como es.
Me dice:
Me voy a Europa.
Le digo:
Lo íbamos a hacer juntos tocando tangos (...)
Se enoja y me muestra su cara.
Me asusto.
Jamás la vi así.
Estamos en una feria con Marta y nos costó bastante llegar. De pedo me di cuenta la esquina que nos dejaba ahí a dos cuadras y ella corrió y esperé. Demasiada gente salía de esa terminal de trenes o subtes y decidí buscarla. Los puestos iban de autitos de colección a pinturas que no pude comprender. Recorrí toda la exposición hasta que la angustia me ganó. Salí corriendo y no la vi hasta que desde un remís blanco me hizo su gesto.
Un Renault 12 Rural.
Le dije que era la última vez.
Es la casa de mis primeros años y están desde los que más quiero hasta los que no quiero ver (...) No pienso contar qué ocurrió; solo que me sentí muy mal por mis actos en defensa de aquellos que creí salvos.
Entonces me fui a visitar a un amigo en el culo del mundo. Y perdí todo. Mi bolso, mi teléfono.
Pero supe volver.
Luego Mariana, antes de escapar, me dio Su Beso.
Suficiente para una noche.
Insuficiente para paliar un grado alto de angustia.
Apéndice.
Estábamos en el negocio de ella, una casa de cotillón e intereses generales, yo sentado a un costado y esperando que la jornada termine y todo se viene a negro, solo veo sus ojos y ya no queda nada. Cuando pasa estoy a su lado y le pido que no se vaya. Me arodillo, le tomo las manos y ella me besa de una manera en la que nadie me besó nunca.
Volvió la luz, pero algo no me cierra.
Y es lo mismo que veo en sus ojos cuando me lleva en su auto a casa.
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