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Mostrando las entradas de septiembre, 2026

Sin Rastro

Mario, frente a su portátil, repasaba una vez más ese último párrafo escrito. Volvía a quitar una coma; aquí una pausa algo más larga; ritmo, ritmo. Y comenzaba su lectura nuevamente, ahora una cadencia diferente, otra ligadura de expresión. Sentado a su escritorio ––una modesta mesa de aglomerado enchapado, de cara a la pared del escritorio y en ele con el piano de Carla; ladrillos a la vista y un vaso con Vodka: toda una mise-en-scène–– no había escuchado que ella ya cerraba la puerta, cruzaba el patio y entraba al comedor, a su izquierda; las puertas abiertas. Un paquete más de palabras desechadas, control+s e hibernación. Se dirigió hacia la cocina y, mientras ella se descargaba, la besó detrás de la oreja. Luego el rito de la merienda: yerba en el mate, la pava al fuego; ella, como siempre, con las masas sobrantes del coffee––break. Se sentaron en silencio y compartieron. Mario pensó en voz alta: ––No es la primera vez que siento que soy yo quien debería estar en tu lugar y, a mi ...

Un día de aquellos, esos o estos.

Salió casi todo bien, cuando casi es algo mayor que nada. Y no aplica el pico del pato, no es matemáticas. No creo en esa ley que dice que todo lo que pueda salir mal va a ocurrir. Sí, soy un creyente fervoroso en que somos la influencia que más incide en todo lo que nos rodea. A decir: la mala suerte provocada a inconsciencia. Es que en cada cosa a nuestro alrededor está su Manitú. Los indios no solo hablaban sobre una imagen fotográfica y su espíritu raptado, sabían muy bien que hasta una caña de bambú tiene alma. Y eran doctos en demonios, vaya si no (así fueran solo sugestión: no me importa para nada la superstición, me parece tan docta como la fórmula de un físico). Volvemos a casa y un televisor (no lo que ofrece), un teléfono (no lo que cuenta), tu instrumento preferido (lo que te transmite) o la plantita del balcón (que busca al sol) tienen su espíritu. ¿Si se te quema la heladera en invierno, la pc se emputece y no quiere andar, cuando tenés esa idea que no podés dejar de lad...